Día del Sociólogo en Colombia: dic. 10 de 2024

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En este año, es la memoria la que gobierna la implantación celebración del Día del Sociólogo, con un obituario sobre el sociólogo de la Universidad de Antioquia JAIME RUIZ RESTREPO, nota que hice al momento de su fallecimiento(7/03/2024) y un escrito de él, sobre el desarrollo del programa de sociologia de la universidad, que es un aporte a la historia de la disciplina, porque es un testimonio como estudiante y luego docente, de las vicisitudes del conocmiento sociologico en el país, Colombia.

OBITUARIO

En el día de ayer falleció en Medellín Jaime Ruiz Restrepo, maestro de la promoción de 1968 de la Escuela Normal Nacional de Medellín, sociólogo de la Universidad de Antioquia y magister en estudios urbanos de la UNAL sede Medellín. De manera constante, desplegó su energía vital a la comprensión de la sociología como ciencia del conocimiento y explicación de los fenómenos sociales al servicio de las gentes, y la demostración de su aplicabilidad en el mundo real; como profesor durante más de cuarenta años al servicio de la Universidad de Antioquia. Allí impulsó la creación del Centro de Estudios de Opinión-CEO- del departamento de sociología donde convocaba profesionales de economía, estadística, psicología biología, dietética y nutrición y la misma sociología para prestar servicios de extensión universitaria a organismos del Estado y empresas privadas haciendo realidad la transferencia de conocimiento e innovación y aplicando métodos, técnicas y metodologías de manera interdisciplinar donde reinaba el dato contextualizado en lo social y sin timidez en el manejo cuantitativo de las investigaciones. Además de dejarle a la universidad réditos económicos y de prestigio, en razón a la responsabilidad, seriedad y honestidad en el manejo de la contratación.

El CEO es uno de los pioneros de las encuestas electorales imparciales en el país, cuando aún no existía la obligación del registro oficial; estructuró y estableció desde hace más de veinticinco años la realización de las encuestas de calidad de vida instrumento de laboratorio social para la planeación del desarrollo; diseñó cuestionarios ( hoy , los llaman constructos) con la delicadeza y serena vigilancia de aplicar las pruebas estadísticas para medir la satisfacción del cliente, cuando apenas despuntaba el auge de las telecomunicaciones y sus dispositivos inteligentes. Con su patrocinio se sembró el análisis social de redes. Igualmente, en el CEO se adelantaron a la implantación de los procesos de calidad nutricional de los restaurantes escolares de Medellín, antes del hoy reclamo del “buen comienzo”. También elaboraron el prototipo de medición del clima organización y la capacitación de funcionarios de Medellín gracias al apoyo del Municipio. Así mismo vale resaltar que el Área Metropolitana del Valle de Aburra y Planeación Municipal de Medellín contó con la asearía del CEO para sus estudios estadísticos económicos y ambientales siendo gracias a ellos los iniciadores de las encuestas ambientales; todo bajo el liderazgo del profesor Jaime Ruiz Restrepo que contagiaba su empatía y don de gentes; cualidades que bien supo trasmitir al grupo de encuestadores que se distinguió por ser preciso y leal a los principios éticos de la investigación y tuvo siempre buena entrada y acogida en las comunas de Medellín aún en los periodos más violentos.

Todos estos eventos y otros, aquí no recordados hoy, se dieron gracias a la suficiencia moral con que encaro el profesor Jaime las tensiones y egoísmos de algunos cargos burocráticos que desde sus sillones bullidos interpelaban la empleabilidad de la Sociología, y a los que desde la docencia optaban por convertirla en la catedra del discurso huero y caduco de profecías no cumplidas como lo ha demostrado la historia universal.

Por fuera de sus responsabilidades administrativas que se extendieron en un tiempo a la jefatura del Departamento de Sociología; cultivaba su pasión por entender los fenómenos de violencia y narcotráfico de la ciudad, tema que lo llevó en asocio con algunos colegas al planteamiento de las “fronteras invisibles “ y análisis de la transformación urbanística de Medellín, la que no solo estudió en la Nacional sino que la caminó desde muy niño entre la estación Villa y la estación el Bosque; luego joven y después la habitó cuando se matriculó en la carrera de Sociología en 1969 estrenando ciudad universitaria, de la cual ya no saldría sino cincuenta años después.

 No fueron pocas las luchas por lograr las victorias académicas logradas y que no fueron “ mangos bajitos” para poder implantar un panorama investigativo de los hechos sociales a lo que hoy denominan “ de evidencias “ sin atender a los típicos celos que habitan en los edificios académicos y que se trasmiten con palabras silenciosas por “ radio pasillo”.

El profesor Jaime no tuvo descanso; con su perenne labor docente y su siempre viva inquietud por la investigación que seguro dejo sembrada en muchas mentes jóvenes de sus alumnos, la semilla de la digna profesionalidad de la Sociología y  en sus colegas un ejemplo para el posicionamiento del profesor universitario.Paz en su tumba ¡. EBR.

Mis vivencias como estudiante universitario
Por: Jaime Ruiz Restrepo

era el año 1968, me aprestaba a terminar mis estudios de normalista,Pues en el horizonte personal la labor docente se presentaba como muyloable y grata, pese a las dificultades económicas de este gremio, pero también rondaba por mi cabeza la posibilidad de continuar mis estudios a nivel universitario; la psicología, la sociología y la economía concitaban particularmente mi atención, y la posibilidad de estudiar en una universidad de calidad y prestigio, como la Universidad de Antioquia, era un referente obligado para todos los que nos aprestamos a concluir los estudios secundarios.
Me inscribí en la Universidad y, obviamente, llegó el día del terribleexamen de admisión. Recuerdo la cantidad de aspirantes; todos con unas caras de mazos, que lo único que alentaban en mí era el destino del magisterio, Pues en esa competencia me consideraba en inferioridad de condiciones.
Cuando pise el territorio de la Universidad, así fuera para aquella tortura, sentí una inmensa felicidad. Aquellos bloques, aún no terminados, me hacían creer que estaba llegando a la madurez personal y, clara, lo triste era que quién sabe si podría quedarme en esos predios que respiraban libertad y sabiduría. Ese fue un día muy duro, qué se hizo unos grave cuando en el bus, y ya de regreso a mi casa, todos comentaban las respuestas al examen y yo no atinaba ni una. Ese diciembre tenía que definir el rumbo de mis próximos años. Qué buena o qué triste nochebuena no se esperaba a todos los aspirantes.
Vi a muchos de mis competidores salir tristes y llorosos de los predios de la Universidad. Tímidamente, me acerqué a la vidriera donde estaban las largas listas de los aceptados. Busqué habido la credencial 2291 y allí estaba; no lo podía creer, ¡había sido aceptado! Mis sentimientos se tornaron confusos. No sabía si llorar, reír o gritar, pero allí estaba. Guardo esta notificación de aceptado como uno de mis más preciados tesoros, pues representó, en su momento, sentirme universitario y de la Universidad de Antioquia.
Esos años finales de la década de los setenta significaron para mi generación muchas cosas; entre ellas, las preferencias por la música rock, la balada y el twist, por los Rolling Stones, por los Beatles y por todos los que representaron la llamada “Nueva Ola”, pero también, y ya que fue una generación muy romántica, por Los Panchos, el Trío San Juan y todos los más famosos boleristas. Una generación igualmente marcada por la vigencia de la marihuana, la maracachafa, La que se imponía como símbolo de Rebeldía e independencia y que tuvo su apogeo, bajo la influencia del encuentro de Woodstock y el hippismo, en nuestro festival de Ancón. La revuelta estudiantil de mayo de 1968 en Francia, las revoluciones cubana y argelina, le mostraron también a mi generación los nuevos rumbos que habría de tomar la vida social en los países tercermundistas y, en medio de ello, la figura del Che se levantó en toda su majestuosidad, Cómo emblema de las aspiraciones por una sociedad sin explotadores. Fue una generación que paulatinamente también se politizó y ahondó en la denuncia; las discusiones sobre desarrollo y subdesarrollo se pusieron a la orden del día, y así, el modelo de desarrollo económico de la comisión económica para América Latina, que en toda Latinoamérica aparentemente convocaba a una posición más nacionalista. Pronto fue desvirtuado y puesto en evidencia como la nueva estrategia del imperialismo para mantener la dominación y la dependencia, a través de la utilización de las discutidas “burguesías nacionales”. En fin, muchos sucesos y eventos alumbraron los rumbos de esta generación, y este fue
el contexto que me aleccionó en mis primeros pasos como primíparo. Lo primero que se me ocurrió hacer, al iniciar el año 1969, fue tratar de entender claramente En qué carreras me había metido, qué eran
realmente la sociología y en la economía. Antes de asentar la matrícula, estuve recorriendo el proyecto de campus universitario, y digo proyecto porque todo estaba por hacer: todo el espacio parecía lleno de trincheras, formadas por arrumes de tierra, adobes, piedra, hierro y bultos de cemento; muy pocos bloques están concluidos; el teatro cubierto – hoy el Camilo Torres- no era más que un sueño y ni siquiera se podía pensar que la Universidad te podría enrejar, pues la idea era que, cómo Universidad pública, fuese abierta. En mi recorrido, recuerdo que encontré algunos académicos que luego serían mis profesores en sociología: José María rojas, Guillermo Muri, Bernardo Restrepo. Con algunos de ellos conversé y estimularon realmente mi interés por la sociología. Considero que a ellos les debo mucho.
Vino la matrícula en la que comenzó a denominarse Facultad de Ciencias y Humanidades y que constituía El reemplazo del tristemente recordado Instituto de Estudios Generales. Y claro, como herencia de ese instituto los Estudiantes teníamos que sacar muy buenas notas para ingresar a las respectivas facultades, lo cual condujo a muchos recelos y competencias que en muchos casos fueron poco leales. La combinación entre el reto y el deleite, entre lo difícil y lo hermoso, es lo que mejor puede describir mi
época de primiparo.
Al poco tiempo de estar en la Universidad, comenzaron a suceder las grandes asambleas generales y las consecuentes huelgas -en aquella época, las asambleas por facultades no eran muy constantes- entorno
aspectos demasiado puntuales, tales como los recurrentes atrasos en los pagos a los profesores, la aplicación de la curva promedio en las evaluaciones de los cursos, lo que inexorablemente condenaba algunos a perder materias, la presencia de los Cuerpos de Paz y la visita al país del señor Rockefeller, agente del imperialismo. Obviamente, también se dieron las luchas por el retiro de un determinado rector, por cambiar las formas de evaluación, por la programación y el número de exámenes, etc.
La representación estudiantil se reconocía claramente en el Consejo Superior estudiantil. Su legitimidad no se ponía en duda, pues, de hecho, todos participamos en su elección, así: se elegían los consejos
estudiantiles de cada facultad, por el sistema de votación directa en torno a planchas y luego los presidentes de estos consejos se convertían en los representantes ante el consejo Superior Estudiantil. Recuerdo, de esa primera época, particularmente a líderes estudiantiles de la talla de Jesús María Valle, Luis Fernando Henao, Carolo y Javier Aristizábal. En esta primera época, los líderes estudiantiles eran figuras provenientes de loscomandos de juventudes de los partidos tradicionales y jugaban un papel
muy importante, no sólo en la organización de las protestas y en la representación en los Consejos de Dirección que existían en la Universidad, sino que también participaban activamente en la concertación de actividades como las jornadas universitarias. Las asambleas se hacían en el teatro al aire libre y, aunque eran exhaustivas en el examen de los problemas que nos convocaban, no llegaron a tener esa duración maratónica de las de nuestros estudiantes actuales. La claridad conceptual, la capacidad oratoria y las destrezas negociadoras de nuestro presidente del Consejo Estudiantil, el estudiante
de derecho Jesús María Valle, nos guiaron en esas primeras huelgas En las que participe. Cuando la jornada de discusión en la asamblea se estaba extendiendo, los ánimos estaban caldeando, siempre contamos con la figura de Galileo (Javier aristizábal), quién, con su versión de los evangelios, su estilo propio de oración y su virtud de absolución, ayudaba a airear el ambiente y relajar los espíritus. A la hora de la victoria en nuestras luchas reivindicativas, había que celebrar y Carolo ya se revelaba como un excelente organizador y, en un santiamén, la fiesta con la orquesta y licor de costo al alcance de los estudiantes estaba formada, así después hubiese que hacer vaca para cubrir los costos de alquiler de
los equipos.
La protesta estudiantil no podía ser pacífica, aunque si fue siempre tolerante y paciente. Primero se definía escuchar los argumentos y contraargumentos de las partes, presentados por los delegados
estudiantiles en los distintos consejos administrativos. Después, se decretaba el paro y se ha probado en las actividades, entre las cuales se encontraban, casi inexorable mente, las marchas por el centro de la
ciudad y- no por voluntad de los estudiantes, sino por la intransigencia de los tombos que nos salían al paso -se pasaba a pedreas, a los detenidos, a la negociación de su libertad como condición para levantar el paro, etc. Recuerdo el regañó televisivo del presidente Carlos Lleras Restrepo y el consecuente toque de queda como respuesta a una protesta estudiantil. El efecto de escalada gubernamental fue la destrucción de la Federación Universitaria Nacional, la anarquía política, pero, paradójicamente, abrió
por esta vía la brecha para que emergiera un movimiento estudiantil más politizado y en claro cuestionamiento al Estado.
A sociologia, como producto de un movimiento estudiantil, llegó hacia el comienzo de la década de los setenta el profesor José Fernando campo, proveniente de la Facultad de Derecho y quién, además de sociólogo, era doctor en ciencias políticas. Igualmente, la época ya había salido el padre Saturnino Sepúlveda, uno de los fundadores de la carrera; pero en ella continuaban profesores de gran talla intelectual, cómo Antonio Restrepo, Víctor Cubides, Alonso Tobón, Héctor de los Ríos, Guillermo Muri, Bernardo Restrepo, Ernesto Quiroz, José María Rojas, Ramiro Ramírez, Raúl Vázquez, Julio Puig, Martha Harts, el economista Libardo Botero, e incluso pudimos contar con Estanislao Zuleta. Un poco más tarde, se integraron al departamento de sociología los esposos Martha y Alfredo Molano. Sí faltó alguno de mis profesores de esa época, ofrezco de antemano mis disculpas.
Los estudiantes de todo la Universidad, no solamente los de la carrera de sociología, rápidamente fuimos siendo arrastrados hacia el campo de la política. No recuerdo cómo, pero todos comenzamos a definir nuestra militancia de izquierda; militancia que antes había sido monopolio del partido comunista y de su consecuente Juventud Comunista, Juco, pero que ahora también involucraba con gran fuerza al Movimiento Obrero Independiente Revolucionario, MOIR, y a su Juventud Patriótica, Jupa. Estos dos grupos comenzaron a disputarle a los partidos tradicionales la influencia en el movimiento estudiantil, y ello derivó en una nueva conformación de los consejos estudiantiles y de los alcances reivindicativos de las luchas de los estudiantes.
A comienzos de los setenta, nuestro movimiento estudiantil, caracterizado como pequeño burgués, se centró en la problemática de definir las posibilidades de sus luchas democráticas. El MOIR impulso la
reorganización del movimiento sobre la base de posiciones antiimperialistas y antioligarquicas; pero la figura del movimiento estudiantil ya era Amilkar Acosta, quién provenía de la Facultad de Economía, era el presidente del Consejo Superior Estudiantil y se ubicaba en la Jupa, movimiento que, en su momento tuvo gran influencia entre nosotros, y al cual estuvieron vinculados la mayoría de los líderes estudiantiles de entonces como Gerardo Jiménez, Alfonso Saade, Jaime Restrepo, Alberto Arroyave, Germán Moure y otros.
Particularmente, con algunos de mis compañeros, terminé en la Jupa, recibiendo la influencia del marxismo y del pensamiento de Mao Tse Tung, formando alguna de las células y grupos de discusión que iluminaron al movimiento estudiantil. Las peripecias para asistir a los informes del comité central -el simple hecho de llegar al sitio de reuniones constituida ya una osadía, pues la clandestinidad se imponía como condición de seguridad-, luego lo maratónico de estos informes, después la tarea y la disciplina para salir a vender Tribuna Roja En los diferentes municipios de Antioquia, convertir nuestra militancia en una verdadera religión, con sus respectivos sacerdotes y sacrificios. Pero lo disfrutábamos, pues en todo
existía un imaginario mesiánico, que se expresaba en la lucha “por una cultura nacional, científica y de Masas”.
En esta época se anclaron muchos de mis recuerdos del radicalismo de las luchas estudiantiles. Me parece que las asambleas ya se desarrollaban en el teatro Camilo Torres Restrepo; con ocasión de fechas
conmemorativas, como las jornadas del 8 de junio, o por aspectos puntuales sobre exámenes, profesores, presupuestos, etc., marcha vamos desde la Universidad, tomando la carrera Bolívar al ritmo de “che,
che, revolución”, “Abajo el plan básico”, “Allí están, ellos son, los que engañan la nación”, “Yanqui go home”, “fuera gringos de Vietnam”, “fuera los Cuerpos de Paz, espías a sueldo de la CIA”, Entre otras
consignas, y terminábamos en la plazuela Nutibara, dónde contribuyamos al caos del tránsito hasta que llegaba la policía y se iniciaban la trifulca y la pedrea.
En las aulas de clase, se comenzó a abandonar el estudio de Nietzsche, Sartre, Camus y Dostoievski, y en su defecto cobró importancia el estudio del marxismo, expresado en Lenin, Trotsky y Mao, pero también en sus divulgadores, Cómo Poulantzas, Marta Harnecker y, sobre todo, Althusser, quien popularizó la tesis de los aparatos ideológicos de Estado.
Estamos en una época sobrepolitizada; fuera del marxismo, no había opción teórico-política, y los cursos de casi todas las dependencias se volcaron hacia la denuncia del carácter burgués de los planes educativos y a la reflexión en entorno a las relaciones entre la práctica política y la práctica científica, al tiempo que se sustentaba que no existía práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria; de allí el énfasis en el estudio de El capital.
Los enfrentamientos con la policía eran duros podríamos decir que nos preparábamos como para batallas, arrumados piedras y armamos barricadas; algunos cogían varillas de hierro y cadenas para las luchas cuerpo a cuerpo; otros traían botellas de gaseosas y preparaban las bombas molotov; las mujeres nos traían hasta las barricadas, en parihuelas, las piedras necesarias; se conformaban grupos de primeros
auxilios, de cantos -¿ se acuerdan de marucha y su combo?- y demás necesidades para que los “ combatientes” no desfalleciéramos. Había un grupo que se especializaba en la consecución del apoyo de los profesores de derecho para la defensa de los eventuales detenidos, otro grupo que se encargaba de visitar los sindicatos de las empresas para garantizar la solidaridad “proletaria y revolucionaria”.
Todos éramos conscientes de los peligros – ya los estudiantes colombianos
ponían los muertos – y sabíamos que las directivas universitarias nombre “a dedo” se jugaban su prestigio en cada huelga. La respuesta que recibimos en nuestra Alma Mater fue la recurrente penetración de la bota militar a los predios universitarios, e incluso en algún momento estuvimos recibiendo clases con soldados en las puertas de cada aula. Insisto en que hasta cierto punto se fue definiendo un carácter mesiánico para el movimiento estudiantil; Aunque era paradójico que siguiéramos señalando la primacía política del movimiento obrero y en los análisisconcluye éramos que el atraso del país debía enfocarse desde la perspectiva del movimiento campesino. La práctica estudiantil parecía rebasar estás disyuntivas y fueron muchas las discusiones en torno a la naturaleza de la sociedad colombiana, a la importancia del estudio de la historia del país y a los modelos de organización política y económica a los cuales nos veríamos abocados una vez se diera, bien la revolución socialista o bien la revolución de una nueva democracia.
Los estudiantes de sociología no fuimos ajenos a todos estos debates y recuerdo los encuentros que realizamos en Medellín y Bogotá paradiscutir los distintos aspectos de la realidad social, pero también asuntos más específicos, como informe Atcon y el Plan Básico de la Educación Superior. Las carreras de sociología de las distintas universidades del país comenzaron a ser vistas con recelo por las esferas gubernamentales y la amenaza de cierre de estas carreras comenzó a pender sobre todos
nosotros.
Quizás 1971 fue el año más importante que me correspondió vivir como estudiante. Tras la posición de Misael Pastrana Borrero como presidente y el nombramiento de Luis Carlos galán como ministro de educación, los estudiantes sufrimos el peso de una gran represión militar -los gritos “¡Fuera la bota militar de las universidades colombianas!” Y “¡Fuera los rectores policías!” Aún resuenan en mi mente-. En ese año, se celebró en Cali el Cuarto Encuentro Nacional Universitario, en el que se promulgó el programa mínimo de los estudiantes colombianos, como fruto de un compromiso nacional de lucha contra esa represión y por la reestructuración democrática de los organismos de administración universitaria. El encuentro se realizó en aquella ciudad porqueprecisamente allí se acababa de producir una cruenta respuesta militar a las protestas de los estudiantes de la Universidad del Valle, lo que exacerbó los ánimos en todo el país a tal punto que el gobierno centraltuvo que pedir algunos decretos para restablecer “el orden público universitario”.
En esa época se plantearon claramente los alcances de la protesta estudiantil. A propósito, recuerdo el discurso de Marcelo Torres -principal líder del movimiento estudiantil nacional- en el encuentro de rectores universitarios que se celebra en Bogotá: del énfasis en la denuncia del carácter terrateniente de la producción nacional, y su vínculo político y económico con la burguesía, se pasó paulatinamente a proclamar la necesidad de modificar la estructura de gobierno de las universidades y a convocar la unidad en torno a la idea del cogobierno. En medio de esta intervención, se produjo el desmayo del rector de la Universidad Pontificia Bolivariana, lo que dio origen a comentarios alusivos a la radicalidad del discurso del Marcelo Torres.
Ya en este momento, que coincidía con el cierre de universidades por parte del gobierno, se comenzaron a manifestar las primeras grandes fisuras del movimiento estudiantil. La línea pro China y el control del MOIR fueron puestos en cuestión por quiénes estaban en desacuerdo con el cogobierno, y, por grupos que fueron surgiendo, cómo la Izquierda Revolucionaria Independiente, IRI, la Tendencia Socialista, la Unión Camilista, el Bloque Socialista – escisión de la Tendencia Socialista-, la Unión Revolucionaria Socialista, etc.
En la carrera de sociología, los “Jupitas” estamos contados y reconocidos: Arango, Barrera, Colmenares y Ruiz, y contábamos con el respaldo de los profesores Campo y Botero. Los demás grupos tenían en común el sentimiento anti MOIR. Ese era el contexto de nuestros debates. Pensábamos desde nuestra posición maoísta, que había que aprender de las masas; por eso, en la reforma del pensum en 1971 proponíamos incluir un semestre de prácticas, que consistía en ir a colocarlos al servicio de un sindicato, de una unidad de producción agrícola, de una cooperativa, o de lo que fuera, con tal de aprender de quienes seencontraban en la práctica de la producción. Era entender el proceso a través del cual se producía el salto cualitativo del conocimiento empírico al conocimiento teórico.
Pero, según interpretamos algunos, con el ánimo de frenar en alguna medida la participación política activa del profesorado de sociología, el rector William Rojas encomendó al decano de la Facultad de Ciencias y Humanidades la tarea de revisar la situación académica de sus docentes, para exigir que todos tuvieran título universitario y cumplieran con jornadas de 12 horas de docencia directa. Ante la negativa por parte de algunos profesores a aceptar las 12 horas de docencia directa, se impuso finalmente el cierre de la carrera, en 1972, y varios profesores fueron expulsados de la Universidad.
En medio de esta crisis generalizada, al MOIR se le ocurrió lanzarse a la participación electoral, siguiendo la estrategia de combinación de formas de lucha. Esto terminó por minar su influencia en el movimiento
estudiantil, que comenzó a endilgarle a toda su militancia el epíteto de “neomamertos”. Fue para nosotros muy difícil entender ese paso del abstencionismo a la participación electoral; pero se nos convocó a reuniones de célula y a plenarias donde los dirigentes del grupo trataron de hacernos entender la bondad de esa combinación, y al final muchos aceptamos tal participación, creo yo que más por disciplina del partido que por otra cosa. Sin embargo, nuestra vida política en la Universidad no volvió a ser la misma y comenzamos a centrarnos más en la academia. Simultáneamente, ganaron espacio en la Universidad grupos como el IRI y, en general, los socialistas, aunque a costa del sacrificio de los consejos estudiantiles, que comenzaron a tener una vida más anárquica y menos legitimada dentro del estudiantado.
Con el cierre de la carrera, a los estudiantes de sociología se nos ofreció la posibilidad de continuar estudios en la carrera que quisiéramos. Algunos escogieron filosofía, otro trabajo social, algunos medicina, etc. Yo me quedé en trabajo social; Pero logré graduarme como sociólogo tras
conseguir junto con aquellos de mis compañeros que había elegido seguir en las carreras más próximas a la sociología, que se nos aceptará terminar el programa bajo la modalidad de cursos dirigidos.
Para 1972 y 1973, la Universidad ya no era la misma, pues, a mi modo de ver, había perdido su vitalidad política. Las militancias de izquierda abandonaron la preocupación por la institución y el desánimo se apoderó de muchos de nosotros. Cuando se planteó la candidatura presidencial de Jaime Piedrahita, algunos decidimos no respaldarla y marginarnos de la línea del MOIR y, consecuentemente, de su Jupa. Hasta allí llegó nuestra experiencia en ese grupo político.- JRR/

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