De «socios estratégicos», nada: lenguaje fofo.

Cuando las personas llegan al desafiante y atrevido papel de ocupar cargos sin la debida preparación para su desempeño; esa escasez aunque se quiera esconder, sale a flote de manera natural, sin que el mismo protagonista se sienta aludido. Es como un acto inconsciente: o fallido, que también llaman. Y esto, porque el actor queriendo representar el mejor papel de su comedia, utiliza palabras descontextualizadas y de uso común, combinadas con los clichés de costumbre.

Si el «comediante» es de una institución educativa y firma un contrato para un curso empresarial dirá que : » esta es una alianza estratégica», cuando lo que hizo fue una venta. El uno ofrece y el otro compra. Más por eso, no significa que las dos entidades van conjuntamente por el logro de objetivos comunes; ni que entre los dos medien más asuntos comunes que esa venta.

Igual sucede con las relaciones entre contratista y contratante. Si una empresa pública contrata una obra y en ella, se ocasionan gastos imprevistos o por una decisión interna hay una obra agregada a la mayor, o se hace una modificación del proyecto inicial; ello debe ser materia de una nueva contratación y dichos costos negociados; con las normas vigentes. Y eso dista mucho, de decir que son «socios estratégicos» y así birlar los procedimientos adecuados. Esto es ya demasiado cinismo.

Otro ejemplo: Una institución trata de anunciar un curso de administración local y sentencia con fuerza que : » los gobiernos locales juegan un papel un rol cada vez más estratégico y dinamizador» . Es cierto; pero también es necesario determinar que de país se trata, y que se entiende por los tales: municipios y departamentos para el caso de Colombia, como podría ser. Pero también es cierto que si el curso es a nivel latinoamericano, es procedente mirar las relaciones de autonomía y descentralización para usar la palabra estratégico. En las ofertas de formación todo aparece como estratégico. Y este término es de tanto uso, que se señala como tal cualquier acción o actividad administrativa.

Recuerdo una de esas «faenas político- administrativas» tan comunes en Colombia, donde un gerente de empresa pública fue acusado ante las autoridades correspondientes de haber ejecutado obras que no estaban dentro de la «misión» de la empresa. Y el juez, en buena lógica y conocimiento de la jerga administrativa determinó que una cosa son los artificios administrativos y de planeación y otra muy distinta las actividades especificadas en la ley de creación de la empresa, que son las que deben prevalecer.

Estas situaciones suceden sobre todo, cuando los actores son nuevos o han «caído en paracaídas» en la administración pública. (y también en la gestión privada, que como su nombre lo indica, no mantienen los «micrófonos abiertos» y esas insuficiencias se pueden tapar con las relaciones jerárquicas y autoritarias o el miedo a represalias). En la entrega de un trabajo de estructura salarial, el asesor jurídico de la institución, como no entendía nada del tema; solo atinó a decir que faltaba copiar la misión, como «cuestión fundamental»; tal y como había aprendido el día anterior en un curso de planeación estratégica; como su misma jefa nos contó en los comentarios posreunión.

En otra organización de más de seis mil empleados, se entrevistaba para un cargo de segundo nivel, y una de las personas candidatas queriendo resaltar su conocimiento en la planeación estratégica, que era esencial en el desempeño, terció en la conversación declarando que ella sabía mucho del tema, porque ya había listado las «debilidades y fortalezas» del consultorio de su padre. Claro, los demás asistentes a la entrevista colectiva enmudecieron por varios minutos.

Los casos no son de poca monta, pues a veces las organizaciones se tragan esos malos entendidos y se convierten en positivos(«se tragan el sapo»). Así, como sucede en otra empresa pública grande en la que, los entrevistadores al no comprender muchos de procesos administrativos, de la gestión de procesos de negocio(BPM) seleccionaron una persona de procesos químicos. Y todos contentos (o tan callados?); pues al fin, era en procesos.

La lista es interminable sobre el mal uso de muchas de las palabras del lenguaje técnico de la administración; que es desconfigurado en la boca de muchos aprendices y novatos y de los mismos expertos( qué falta de vergüenza¡) cuando quieren oscuridad en los asuntos( qué falta de ética !).

Esta actitud también es dada por los políticos cuando quieren aparecer como técnicos o científicos. Y las situaciones se tensan demasiado cuando se trata de términos más técnicos, como los usados en la informática y las telecomunicaciones; así como en el mundo de las finanzas y ahora más en el fintech.

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