El relato de un joven consultor

En el curso de escritura de humor, (2019), una profesional del periodismo, presento como ejercicio de clase, un relato que me gusto demasiado; pues delata los problemas del lenguaje de los recién llegados al mundo empresarial y que a veces se enredan en jerigonzas. Inmediatamente le solicite el obsequio del escrito; que comparto en este espacio; anticipando las gracias:

El hombre que sobrevivió a una reunión en la gran empresa sin tener ni idea


El joven consultor y desarrollador de negocio Juan Esteban tenía un terrible ardor de estómago. Los churros que se había tomado esa mañana en la cafetería de la gran compañía donde trabajaba le habían sentado mal. Qué faena, hoy tenía que pasarme, pensó el joven consultor y desarrollador de negocio. Justo el día en el que me estreno en la reunión del comité de dirección.


Juan Esteban llevaba pocos meses trabajando en esa empresa y aquel era un día importante. El chico había llegado a la capital desde su pequeño pueblo natal en busca de un buen empleo. Algo que llamaban impulsar su carrera profesional. Así se lo habían recomendado los orientadores del máster de negocio digital que estudió durante 18 meses en varias ciudades europeas y que incluyó un proceso de acompañamiento reflexivo para su talento. Tienes que salir de tu zona de confort, le aconsejaron estos orientadores virtuales a los que nunca vio ni tocó.


Así que aunque no sabía exactamente qué sería aquello de impulsar su carrera profesional, sí le pareció una buena idea mudarse a la gran ciudad ya que tal vez había llegado el momento de soltar amarras de su pueblo y conocer a gente nueva.


Durante la importante reunión de aquel día en la planta octava, la planta noble la llamaban, el ardor de estómago fue a más y no tenía ninguna pastilla a mano. Así que se levantó, salió a la sala contigua y le preguntó a Rosa Menéndez, la secretaria del consejero delegado, si tenía algún medicamento que pudiera darle.


-No, pero puedo traérsela enseguida, le dijo la secretaria.


Juan Esteban esperó. Total, pensó, no me estaba enterando de nada en la reunión.


El joven desarrollador, antes de convertirse en desarrollador, comenzó buscar trabajo en la gran ciudad y, gracias a su formación excelente y a los contactos que había hecho en el máster de negocio digital, tardó poco tiempo en encontrarlo. El muchacho había realizado brillantemente un complicado procesos de selección que incluyó infinidad de preguntas técnicas sobre conceptos matemáticos y cálculos, además de un test de personalidad y otros psicotécnicos, y también entrevistas en inglés, alemán y chino, pues todo el mundo coincidía en que el chino sería el idioma del futuro y que era imprescindible hablarlo para su trabajo.


Enhorabuena- le dijo la jefa de Recursos Humanos en su última entrevista- has conseguido el puesto de consultor estratégico y desarrollador de negocio
.


Aunque no tenía la menor idea de qué significaba ser consultor estratégico, y menos aún desarrollador de negocio, Juan Esteban estaba muy agradecido de haber conseguido empleo tan pronto. No será un trabajo manual, pensó, ni tampoco tendré que aplicar mucha econometría ni estadística ni sociología. Ya aprenderé, se dijo.


Nada más llegar a la gran empresa, lo primero que llamó su atención fue que todos los empleados parecían estar muy ocupados. Tanto que a veces no tenían tiempo ni para saludar. Buenos días, decía Juan Esteban, pues en su casa siempre le habían enseñado a saludar cuando se entraba en una sala, en un ascensor o en un comedor. La mayoría de las veces desde que estaba en la gran empresa, no recibía respuesta: todo el mundo hacía como que hablaba por el móvil para evitar decir hola. Qué raros son estas personas concentradas en desarrollar su carrera profesional continuamente. No tienen ni tiempo de saludar, pensaba.


Así que dejó de dar los buenos días cuando entraba en una sala, en un ascensor o en un comedor a ver si así podía desarrollar con más ímpetu su carrera profesiona
l.
Había otro aspecto de la gran empresa que el consultor no llegaba a entender: aunque todos los que
trabajaban allí decían que eran muy buenos en algo, nadie sabía explicar exactamente en qué.

Un día el chico le preguntó a Jorge Díaz, jefe de producto en el área de excelencia e innovación, que a qué se dedicaba en las 11 horas que pasaba en la oficina. Su colega lo miró como a un extraterrestre, se encogió de hombros y sonrió con displicencia.


Qué humor más extraño tienes – le dijo
.


No me ha contestado, pensó Juan Esteban, creo que tampoco sabe qué hace en su trabajo. Y así se quedó más tranquilo. Ya no se sentía tan raro por no saber qué era un desarrollador de estrategia: era uno más, en realidad nadie sabía describir en qué consistía su empleo.


Cuando Rosa Menéndez, la secretaria del consejero delegado, regresó con una caja de Almax, el chico la cogió, se lo agradeció con una sonrisa y volvió a entrar en la reunión del comité de dirección. Solo habían pasado 15 minutos de ausencia, pero se dio cuenta enseguida de que había perdido definitivamente el hilo de lo que allí se estaba debatiendo
.


En la sala se encontraban reunidas cerca de 30 personas, todas ellas vestidas con traje gris, camisa blanca y los hombres, con corbata. Sentados en una gran mesa en forma de U, con una luz cenital blanquecina, había proyectores y pantallas, micrófonos y una pizarra blanca.


En ese momento, Rodrigo Murillo, el consejero delegado, hacía su exposición sobre algo que Esteban no entendía. Juan Esteban se sentó en su sitio y comenzó a leer el prospecto de las pastillas contra el ardor de estómago: composición, forma farmacéutica, posología, efectos adversos… Tan concentrado estaba en los compuestos y en las propiedades farmacológicas que no se dio cuenta de que el consejero delegado hizo un alto en su discurso y lo señaló a él.


Acabamos de fichar a un excelente desarrollador estratégico de negocio, Juan Esteban, especialista en todo esto que os estoy planteando. Esteban quisiera que aportases tu punto de vista sobre este tema. Seguro que es muy interesante, dada tu formación y trayectoria.


Todos los asistentes giraron la mirada y la dirigieron hacia él. Tragó saliva.


Este…bien.- Juan Esteban carraspeó. Se incorporó sobre la mesa. Sintió todos los ojos de la sala mirándolo a él. Esteban sintió sudores fríos, la boca del estómago se le cerró. Apretó el prospecto de Almax con el puño-


Me recuerda al concepto básico del almagato. Con una adecuada lista de excipientes, creo que podríamos impulsar la capacidad de gestionar el cambio de prioridades. Estamos en un momento clave y la metodología almagato, basada en hitos, nos puede ayudar a tener una visión multifuncional y mucho más global del negocio.


¿A qué se refiere concretamente, Juan Esteban?- replicó el primer directivo mirándolo fijamente.


Juan Esteban alzó la vista y la cruzó con la de Jorge Díaz, suplicándole ayuda con los ojos. Jorge no le aguantó la mirada y bajó la cabeza. Juan Esteban miró entonces a Elisa García, quien recibió una llamada de móvil y tampoco le ayudó. Ni Alberto Fuensalida ni Carmen Ramírez. Nadie salió a socorrerlo.


Verá… – continuó Juan Esteban- Tengo la sensación de que el giro estratégico debe venir de un principio activo sin efectos adversos , para darle además la capacidad de interaccionar sobre las personas y también sobre los procesos y las herramientas. Estamos ante una maniobra que puede disparar la absorción y mantener el pH entre 3 y 5 por un período prolongado de tiempo podría ser el comienzo del procesos de transformación, aplicando empirismo y factor humano
.
Muy interesante ese enfoque… continúe.


El joven ya no podía parar. Siguió diciendo al azar palabras del prospecto, aderezadas con otras ideas que había oído una y mil veces pero que nunca llegaba a comprender.

Esta organización está preparada para dar el salto definitivo a la innovación y llegar a una capacidad absorbente y neutralizante del ácido de manera que se fortalezca su conocimiento y experiencia a través de una interacción continua de sus relaciones. Debemos involucrar a los equipos con un modelo de cambio de cultura empresarial. Y solo lo haremos con un alto grado de alineación entre tecnología y negocio. Hasta lograr el ansiado cambio de paradigma.


Se hizo el silencio en la sala. Esteban aguantó la respiración. Todos miraron entonces al jefe.


Brillante- dijo Rodrigo Murillo-. Sencillamente único. Nos ha convencido ¿verdad?
Todos los asistentes asintiero
n. Se escucharon palabras de afirmación y algunos aplausos. Juan Esteban sonrió. A partir de ese día supo exactamente en qué consistía su trabajo.

Autora: CC- diciembre de 2019.

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