4 graves obstáculos de la universidad latinoamericana para ser de rango mundial

En su último escrito**, el experto en educación superior, Jamil Salmi, vuelve a su tema predilecto de las Universidades de rango mundial y aprovechando un análisis de los diferentes rankings universitarios, plantea los puntos cruciales para no tener en América Latina una universidad de tales características en los primeros puestos a nivel global. Y más allá del simple desprecio como lo han hecho muchas directivas latinoamericanas sobre el valor de los rankings; llegando incluso a forjar uno, con estilo latino; se adentra en ellos para mostrar las influencias que han traído los rankings para pensar e innovar en las políticas universitarias.

Una visión de universidad de rango mundial, implica entender “claramente que las instituciones emblemáticas no pueden surgir rápidamente sin un entorno político favorable, una iniciativa pública directa y un apoyo financiero significativo” y tener como piedra angular, una planeación a largo plazo; pues, no se pueden tener instituciones universitarias fuertes en investigación y con aportes a la ciencia, si las decisiones son de corto plazo, y los indicadores inmediatos. Esto ya marca una diferencia frente a las demás.

Del papel de los rankings, van apareciendo las acotaciones para entender por qué del escaso rendimiento de las universidades latinoamericanas, que va más allá del ya mencionado apoyo financiero¸ porque diversos estudios han confirmado que el financiamiento es una condición necesaria pero no suficiente para explicar el progreso relativo tanto a nivel de países como de universidades (Salmi, 2017; Usher y Ramos, 2018).

Así las cosas, entonces la no presencia de las universidades latinoamericanas se debe a otros factores y condiciones fundamentales que están relacionadas con la gestión y el comportamiento humano universitario, que están muy arraigadas en la cultura organizacional; y que llegan a difuminar la calidad de los resultados de los procesos misionales, y sobre las cuales queremos dar nuestra ampliación empírica, como: 1-Falta de una buena Gobernanza:” Una estructura de gobierno adecuada y condiciones regulatorias favorables ayudan a promover un comportamiento innovador entre las instituciones de educación superior. Las universidades que son completamente autónomas, con buenos niveles de rendición de cuentas, y que no están limitadas por regulaciones impuestas desde el exterior, pueden como resultado, administrar sus recursos, financieros o humanos, con más flexibilidad y racionalidad en búsqueda de la excelencia académica”; donde el liderazgo es importante como impulsador de la transformación y el progreso; pero no el nacido de los compromisos ocultos, de los apoyos pre-compensados y post-compensados, ni del “tú me eliges- yo te nombro”, ni de la repartija del poder; Y menos del líder mesiánico o del “único”. como suelen llegar algunos de los rectores de nuestras universidades. Se necesitan lideres profesionales.

2- Una Cultura endogámica, que no sólo se expresa en la vinculación de sus egresados, sino en la práctica perversa de la cooptación de propios mediante procesos opacos, sino que roza los márgenes de las fobias hacia organizaciones similares cuando a veces están patrocinadas por las mismas fuentes económicas o cohabitan los mismos territorios y donde reinan las indiferencias y falta de comunicación y co-creación o relaciones conjuntas; Y el no reconocimiento entre de si sus actividades como similares y de igual calidad. Ello menoscaba el prestigio y su reconocimiento internacional.

3-.” Prácticas administrativas rígidas y burocráticas y externamente se ven enfrentados a las rígidas regulaciones de la administración pública del país.”. Estas situaciones se dan por la excesiva normatividad y la escrupulosa exigencia de los tramites, que inducen la lentitud y parálisis de la acción; haciendo que todas las organizaciones, aunque diferentes sean iguales en la formalidad. ”El elemento clave que falta en muchas universidades públicas de la región es una visión audaz de excelencia para desafiar el statu quo y transformar culturas institucionales que tienden a ser conservadoras, reforzadas por un sistema de elección democrático de líderes universitarios que promueve el clientelismo y la frecuente rotación de líderes, un consejo universitario interno con numerosos miembros que hace que el proceso de toma de decisiones sea difícil de manejar y finalmente, una cultura académica igualitaria que desaprueba el reconocimiento y recompensa a los investigadores y profesores destacados”; que en Colombia bien se resume  que son “los mismos con las mismas”

4- “La falta de ambición estratégica para el desarrollo de la educación superior pública “ que a menudo se puede observar en los niveles del gobierno y de las mismas universidades que a veces sólo están por el cumplimiento de las tareas ordinarias o bien se persiguen metas muy débiles pero de buena visibilidad política , como “el mantener abierta la institución” o atender las demandas del gobierno de turno. Y como bien dice Salmi, esto explica porque en las primeras posiciones de excelencia están las universidades privadas.

 Después en la tercera parte del documento comentado, el autor se concentra en los puntos que los rankings debieran tener en cuenta y profundizar en ellos y ampliar así el concepto de excelencia no seguirá siendo “concebido únicamente como la producción de investigación en las universidades, lo cual es una visión muy limitada de la verdadera misión de las universidades. Estas nuevas dimensiones en un verdadero concepto de excelencia deberían ser como mínimo las siguientes: equidad, búsqueda de la verdad, ética, compromiso social, y sostenibilidad. Temas que invitamos a leer en el propio documento mencionado.

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**¿QUÉ TIPO DE UNIVERSIDADES DE RANGO MUNDIAL PARA AMÉRICALATINA? MÁS ALLÁ DE LOS RANKINGS Y DE LA EXCELENCIA ACADÉMICA. JAMIL SALMI. (pag.252-294) en Enfoques de sociología y economía política de la educación superior: aproximación al capitalismo académico en América Latina.(2022). Editores: José Joaquín Brunner; Jamil Salmi y Julio Labraña. Santiago de Chile. Ediciones Universidad Diego Portales.

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